Desmontamos 3 mitos de la alimentación

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DESMONTAMOS 3 MITOS DE LA ALIMENTACIÓN

Artículo elaborado para Sopa Tóxica

 

La sal hace subir la tensión arterial

Es cierto que el consumo de sal es uno de los culpables de la tensión alta que afecta a una gran parte de la población, aunque hay que puntualizar que la culpable es la sal refinada, no la sal sin refinar. La sal sin refinar no solo no hace subir la tensión, sino que además es una gran aliada de nuestro cuerpo para mantener una tensión arterial correcta.

Gracias a la sal sin refinar se puede producir de una manera correcta el intercambio de agua a través de la membrana de nuestras células, es decir, la ósmosis celular. Esto permite al cuerpo mantener nuestro equilibrio de agua y por lo tanto también una correcta tensión arterial y una buena capacidad de desintoxicación. Es decir, permite que si nos sobra agua la  expulsemos, y si nos falta, la retengamos. Esto no sucede si la sal que consumimos es sal refinada, ya que además de que su estructura se ha modificado por el proceso de refinamiento, también se pierden todos los minerales que nos interesan de la sal. Debido a que la sal refinada es una sustancia muy agresiva para nuestro cuerpo éste se quiere deshacer de ella rápidamente, por lo que para eliminarla saca el agua de nuestras células. Este proceso sumado a que la sal refinada es un producto muy inflamatorio hace que nuestra tensión arterial aumente y nos provoque los problemas derivados de ella. Esto es especialmente acusado en nuestra sociedad actual, ya que la situación de estrés en que vivimos empeora el efecto de la sal refinada. Para acabarlo de rematar, se pueden añadir aditivos a la sal una vez refinada como sales de aluminio (antiaglutinante) o minerales que desquilibran todavía más su estructura original, como ocurre con la sal yodada.

La medicina convencional intenta prevenir el problema de la hipertensión haciendo reducir la sal y otros alimentos altos en sodio, mientras que para reducir la tensión una vez ya es muy alta se  recetan diuréticos para hacer que el cuerpo elimine el agua acumulada, reduciéndose así la tensión arterial. Reducir el sodio en la alimentación no tiene un gran impacto en la tensión arterial, ya que normalmente no se soluciona el problema de la inflamación general y cronificada del cuerpo, que suele ser la principal causa de la hipertensión. Tomar diuréticos sí que reduce la tensión arterial, ya que nos hace eliminar el agua de nuestro cuerpo, aunque usados de manera prolongada hace que nos vaciemos de sales minerales, que se pierden disueltas en el agua que expulsamos, empeorando de esta manera nuestros problemas para regular la tensión y provocando nuevos problemas derivados de la falta de sales minerales, como problemas cognitivos, cardíacos, fatiga, etc. Reducir la sal y tomar diuréticos de forma prolongada nos puede provocar un gran desequilibrio en nuestro cuerpo y hacer que perdamos minerales que son muy difíciles de reponer.

También hay que tener en cuenta que es posible que el nivel de sodio alto que provoca la hipertensión no sea un problema que tenga que ver propiamente con el sodio, sino que el alto nivel de sodio esté provocado por un exceso de metales en nuestro cuerpo como cobre o mercurio, o por ejemplo una acumulación de cadmio en nuestros riñones. Estos casos no son puntuales en el mundo industrializado en el que vivimos, el problema es que la mayoría desconocemos que el nivel de metales en nuestro cuerpo es muy alto y por lo tanto ni lo tenemos en cuenta ni tomamos las medidas oportunas, empeorando así la situación con diagnósticos y tratamientos erróneos.

La sal sin refinar nos permitirá regular el agua que perdamos, de manera que también regularemos mejor la temperatura de nuestro cuerpo y además nos ayudará a reponer los minerales que hemos perdido con el sudor. Otra muy buena manera de reponer los minerales que perdemos y mantener una tensión arterial correcta es que el 50% de nuestra alimentación sean verduras.

 

La grasa engorda

Uno de los mitos más extendidos en nuestra sociedad hoy en día gracias a la obsesión por estar guapos y jóvenes eternamente es que la grasa engorda. Realmente es al contrario. El hecho de llevar una dieta baja en grasas normalmente implica que éstas se sustituyen por más cereales –normalmente refinados- y más fruta. Esto supone un incremento en la cantidad de azúcares que comemos y que nuestro cuerpo se ve forzado a acumular en forma de grasa. Por si fuera poco, esta cantidad de azúcar también puede provocar diabetes, inflamación y exceso de colesterol y los problemas derivados de ella, como hipertensión. De hecho, una buena parte de lo que se piensa que es grasa en las personas con sobrepeso es realmente inflamación. Otro efecto de las dietas altas en azúcar es que facilitan la aparición y el crecimiento de tumores, ya que los cánceres se alimentan de azúcar, lo que les permite crecer muy rápidamente. Hay que tener en cuenta que cuando hablamos de azúcar no solo nos referimos al azúcar como endulzante y a los pasteles y dulces, sino también a los cereales (pan, pasta, etc.) y la fruta (zumos de fruta incluídos).

Que nuestro cuerpo tenga una buena fuente de grasas de calidad es muy importante, ya que un buen funcionamiento glandular y hormonal, así como una piel  perfecta, un cerebro que funcione bien y un cuerpo que se recupere y se reconstruya de manera correcta se consigue tomando una dosis adecuada de grasas de calidad. Esta dosis  debería suponer como mínimo el 10% y como máximo el 30% de nuestra alimentación. Nuestro cuerpo necesita los ácidos grasos omega 3, 6 y 9 que se encuentran en las grasas de origen animal y en los aceites vegetales y que son necesarios para llevar a cabo todo lo mencionado anteriormente, pero también para combatir las infecciones, regular la inflamación y permitir la comunicación entre las células.

Algunas fuentes de estos ácidos grasos son:

  • Omega 3: aceite de pescado, aceite de krill, carne y lácteos si el animal se ha alimentado de pasto. Otra fuentes son el aceite de lino, semillas de lino o el aceite de perilla.
  • Omega 6: carne y lácteos de animal, especialmente si no se ha alimentado con pasto, yemas de huevo, pescado y aceite de girasol o canola.
  • Omega 9: Aceite de oliva.

Los aceites vegetales pueden utilizarse también sobre la piel, que es otra forma de “comerlos”. Además son más efectivos que las cremas sintéticas que normalmente se nos ofrecen e infinitamente más seguros y saludables. Por supuesto deberemos evitar las grasas hidrogenadas, también llamadas grasas trans, que provocan más perjuicios que beneficios en nuestra salud, como por ejemplo problemas cardiacos. Estas sí que son malas.

 

Los edulcorantes artificiales son más sanos que el azúcar

Durante muchos años se ha recomendado a las personas con sobrepeso, diabetes o en riesgo de tenerla que utilicen edulcorantes para sustituir el azúcar. Hoy en día ya se están revisando estos consejos e incluso en medios de comunicación no sospechosos de ser “alternativos” se pueden ver titulares informando de que los edulcorantes artificiales no solo no ayudan a reducir el riesgo de sobrepeso y diabetes, sino que lo aumentan de la misma manera que el azúcar, en parte porque desequilibran la flora intestinal de una manera que facilita la aparición de diabetes de tipo 2 y en parte porque la respuesta de nuestro cuerpo al azúcar se comienza a producir con la sensación del sabor dulce. Esto quiere decir que solo es necesario ponerse algo dulce en la boca para que nuestro cerebro comience a ordenar los procesos correspondientes para almacenarla en forma de grasa, provocando igualmente un pico de insulina aunque lo que estemos comiendo tenga 0 azúcar o calorías. Esta confusión metabólica incita además a comer más carbohidratos y azúcar. Por este motivo no es recomendable ningún edulcorante natural o artificial para las personas diabéticas o con riesgo de serlo.

Otro gran sector de mercado para los edulcorantes artificiales son las personas que cuentan calorías, a las que se ha condicionado para que vean como saludables estos edulcorantes a golpe de anuncio y artículos sobre la “operación bikini”, entre otros medios. La sacarina, el aspártamo y la sucralosa (Splenda) son los edulcorantes artificiales más usados y lejos de ofrecer una alternativa sana al azúcar, aparte de los problemas mencionados anteriormente, pueden provocar otros problemas de salud que no compensan poder comer chucherías sin azúcar o beber refrescos light. Están relacionados con varios tipos de cáncer, pero también pueden provocar migrañas, asma, Parkinson, Alzheimer, favorecer la muerte neuronal, reducir el contenido de serotonina en nuestro cerebro, como hace el aspártamo o reducir los glóbulos rojos y provocar infertilidad como hace la sucralosa. Estos son solo los principales problemas de una lista mucho más larga. Algo que sorprende mucho es que la molécula de sucralosa está hecha en parte de sacarosa (azúcar) pero el resultado final del proceso es un organoclorado, como el DDT.

Si queremos utilizar edulcorantes, lo mejor es la estevia. Es antiinflamatoria, anticancerígena y ayuda a reducir el colesterol, además de regular el sistema digestivo. Aún así no está recomendada para personas con diabetes o con riesgo de tenerla como hemos comentado anteriormente. Pero para el resto de personas es una muy buena alternativa al azúcar.

 

Como vemos se debe poner en cuarentena la mayoría de la información que se nos ofrece, porque ya sea debido a desinformación o a claras estrategias de mercado podemos acabar descubriendo que con la intención de cuidar nuestra salud al final nos estamos perjudicando, en parte debido a que dejamos la responsabilidad de nuestra salud en manos de otros y no nos informamos ni decidimos por nosotros mismos.

Artículo elaborado para Sopa Tóxica

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Maldito colesterol

colesterol

 

MALDITO COLESTEROL

Artículo elaborado para Sopa Tóxica

 

A pesar de los consejos y recomendaciones que nos hace la medicina moderna los niveles de colesterol en la población han ido subiendo sin parar durante las últimas décadas hasta ser considerado uno de los principales problemas de salud en occidente. El control del colesterol, no un alto nivel de colesterol, es lo que está de alguna manera en estrecha relación con la mala salud general que vivimos hoy en día. Esto nos tendría que llevar a considerar si realmente es recomendable para nuestra salud reducir el colesterol y la manera como lo hacemos.

 

¿QUÉ ES Y PARA QUE SIRVE?

El colesterol es una sustancia clave para nuestra existencia. Lo es hasta el punto de que sin colesterol no nos sería posible vivir. No solo lo utilizamos para producir vitamina D y bilis con la que digerir las grasas que comemos, sino que es uno de los elementos con el que nuestro cuerpo construye hormonas y paredes celulares. Sin él no se pueden formar nuevas células ni tejidos y nuestro sistema hormonal no funcionaría. Pero además tampoco somos capaces de formar recuerdos en nuestra memoria ni pensar si no tenemos suficiente colesterol. En nuestro cerebro se encuentra el 25% de nuestro colesterol, donde es indispensable para la formación de sinapsis neuronales.

Nuestro propio cuerpo produce entre el 85% y el 90% del colesterol, principalmente en el hígado, esto es muy importante porque quiere decir que tan solo entre el 10% y el 15% de nuestro colesterol procede de los alimentos. Por lo tanto una dieta baja en grasas tiene un impacto bastante bajo en el intento por reducirlo, pero un impacto bastante alto, y negativo, en nuestra salud, ya que si no comemos grasas de calidad tendremos los problemas derivados de la falta de colesterol. Finalmente esto se está reconociendo y un ejemplo de ello es que la Guía Alimentaria para Americanos (Creada por la el Comité Asesor de Guías Alimentarias, dependiente del departamento de Salud de EE.UU) en su edición del 2015 indicará que el colesterol no está considerado como un nutriente problemático si se consume demasiado, por lo que eliminará las limitaciones que hasta ahora aparecían en esta guía sobre el consumo de colesterol. Esto rompe con décadas en las que se ha recomendado una dieta bajas en grasas para reducirlo, aunque las investigaciones nunca han conseguido demostrar que la causa de los problemas cardíacos sean los niveles altos de colesterol.

Tipos de colesterol

La verdad es que no hay un colesterol bueno o uno malo. Solo hay un colesterol, que es bueno además. Realmente cuando se mira el colesterol en un análisis de sangre lo que se está mirando es la cantidad de lipoproteínas. Las lipoproteínas son moléculas que tienen dos partes: una es proteína y la otra es una grasa. En este caso su función es asociarse con moléculas de colesterol para transportarlo a través del torrente sanguíneo. Los dos tipos de lipoproteínas son:

  • HDL (High density lipoprotein): El colesterol llamado “bueno” porque se encarga de eliminar la placa arterial.
  • LDL (Low density lipoprotein): El colesterol “malo”, ya que según se nos explica puede formar placas en nuestros vasos sanguíneos haciendo que pierdan flexibilidad o que se formen trombos que pueden provocar ataques cardíacos o trombosis.

Son estas dos lipoproteínas, las HDL y las LDL, lo que realmente se mira en un análisis de sangre, no el colesterol en si. Las lipoproteínas LDL con un tamaño pequeño son capaces de colarse entre las junturas de nuestros vasos sanguíneos y gracias a su oxidación (se vuelven rancias) provocar inflamación y daños. Una buena manera de aumentar las HDL y reducir las LDL es simplemente ponerse un rato al sol para producir vitamina D y comer alimentos ricos en calcio (exceptuando alimentos procesados, enriquecidos con calcio y lácteos pasteurizados), así como aumentar los alimentos ricos en vitamina A, C y E, que evitan la oxidación del colesterol LDL.

El colesterol también se puede transportar asociado a los triglicéridos y a un tipo de lipoproteína, la Lp (a). Estas dos sustancias sí que pueden ser peligrosas para nuestra salud, ya que están asociadas a problemas cardíacos y diabetes. Un alto nivel de  triglicéridos, en concreto, es el resultado de una dieta alta en azúcares (incluyendo cereales y fruta), sedentarismo, obesidad y otros malos hábitos como fumar o beber alcohol.

 

COLESTEROL Y SALUD

El colesterol es conocido como el causante del aumento de problemas cardíacos que vivimos hoy en día. Según la teoría más extendida, se le atribuye la formación de coágulos en los vasos sanguíneos y la formación de placas en las arterias. Pero esto son solo medias verdades y de hecho el colesterol ni tan solo es una gran indicador de la existencia de problemas cardíacos ni está demostrado que sea el causante de los mismos. La producción de colesterol y su acumulación en nuestras arterias está provocada por dos problemas que son: estrés e inflamación. Sin ellos nuestro cuerpo no tendría que producir tanto colesterol ni enviarlo a nuestras arterias con el riesgo de provocar problemas.

Inflamación

La inflamación es un mecanismo de defensa de nuestro cuerpo contra situaciones, enfermedades o sustancias peligrosas para nosotros. Es algo muy útil si se utiliza de manera puntual, pero se convierte en un problema si se cronifica, por ejemplo, debido a una dieta con gluten y/o rica en azúcares. La inflamación cronificada provoca daños en nuestras arterias, lo que hace que nuestro cuerpo envíe colesterol a la zona afectada para repararla. Esa reparación, que es una especie de cicatriz, es lo que llamamos placa y estas placas, junto con la sangre más espesa de lo normal que se produce debido a la inflamación, es lo que puede provocar problemas cardíacos. El colesterol es considerado el culpable de manera injusta de los problemas cardíacos debido a que se encuentra en el lugar en el momento del crimen. Como hemos indicado antes, el colesterol forma parte de cualquier membrana celular, por lo que es imprescindible para la formación de nuevas células que reparen el daño provocado por la inflamación. El problema entonces no sería el colesterol propiamente, sino la inflamación cronificada. Lógicamente nuestro cuerpo prefiere una acumulación de colesterol que una posible rotura de un vaso sanguíneo.

Estrés

El estrés provoca una serie de mecanismos (inflamación es uno de ellos) que requieren la producción de colesterol por parte de nuestro cuerpo, principalmente para producir hormonas como el cortisol. El estrés cronificado es uno de los factores principales que hace que nos sea tan difícil reducir el colesterol. El propio hecho llevar una dieta baja en colesterol y de intentar mantener el colesterol bajo es a veces tan estresante que provoca que no solo no se pueda reducir el colesterol sino que aumente.

Una nueva teoría sobre la formación de placa arterial explica que el motivo podría ser el déficit de sulfato de colesterol, que es muy importante para el funcionamiento de nuestro cerebro y nuestro corazón. El sulfato de colesterol se produce en nuestra piel cuando la exponemos al sol, como sucede con la vitamina D, con la que tiene una estrecha relación. Nuestro cuerpo necesita el sulfato de colesterol y en el caso de que no lo pueda producir debido a falta de exposición al sol lo fabrica a partir del colesterol LDL convirtiéndolo en placa arterial. Durante este proceso, dentro de la placa, las plaquetas de nuestra sangre convierten el colesterol de la placa en sulfato de colesterol utilizando homocisteína. Esto explicaría el nivel alto de homocisteína relacionado con la formación de placa arterial. Si tomamos estatinas (medicamento para reducir el colesterol) nuestro cuerpo no será capaz de producir placa para obtener sulfato de colesterol, lo que puede conducir a una insuficiencia cardíaca.

 

COLESTEROL Y ENFERMEDAD

Debido a que el colesterol que comemos solo representa el 10% o el 15% del colesterol total en nuestro cuerpo, normalmente no es posible reducir el colesterol a través de la dieta, por lo que acaba siendo necesario el uso de medicamentos, y en concreto las estatinas, con los lógicos efectos secundarios. Este medicamento no solo reduce el colesterol sino también el Coenzima CoQ10, que provoca falta de energía y debilidad muscular. También provocan atrofia y destrucción de los músculos y debido a ello problemas renales. Debemos tener en cuenta que el corazón es un músculo que precisamente se intenta proteger cuando se toman estatinas, por lo que es incoherente su uso, ya que de manera prolongada puede provocar fallos cardíacos.

Otros problemas de los medicamentos para reducir el colesterol son:

  • Daños en nervios que provocan problemas para andar y dolor en manos y pies.
  • Vértigos.
  • Problemas cognitivos  y pérdida de memoria (debido en parte al bajo colesterol).
  • Aumento del riesgo de cáncer (debido en parte al bajo colesterol).
  • Sistema inmunológico deprimido.
  • Depresión y comportamientos violentos o agresivos debido a que afecta a la producción de serotonina, que es la hormona que nos relaja (también por el bajo colesterol).
  • Problemas hepáticos.
  • Disminución de la capacidad sexual.

Antes de tomar estatinas también debemos recordar que si no tenemos suficiente colesterol las paredes de nuestras células no pueden formarse correctamente, lo que afecta a la formación de cualquier célula de nuestro cuerpo y por lo tanto a la regeneración de nuestros tejidos (músculos, cerebro, etc.…).

Tener un colesterol anormalmente bajo de manera natural (sin provocarlo con medicamentos) es síntoma de estrés en la función tiroidea, así como de anemia, infección y es común en las personas con problemas autoinmunes.

 

COMO REDUCIR Y PREVENIR LOS PROBLEMAS CARDÍACOS

Le mejor manera de reducir los problemas cardíacos y si se quiere también los niveles de colesterol es reducir la inflamación y el estrés. Para ello son buenos estos consejos.

  • Uno de los consejos más importantes es reducir el estrés. Lo podemos conseguir  practicando yoga, tai-chi, paseando por la naturaleza, escuchando música relajante, etc.
  • Eliminar los alimentos inflamatorios como las grasas trans, el gluten, los azúcares (entre ellos el alcohol), los alimentos transgénicos y los alimentos con conservantes y colorantes artificiales.
  • Comer alimentos ricos –no enriquecidos- en omega 3 o que sean fuentes del mismo como: semillas de lino o pescado (teniendo en cuenta el mercurio) o tomar suplementos de omega 3 como: aceite de pescado o krill, aceite de perilla o aceite de lino.
  • Comer alimentos ecológicos y cocinar a bajas temperaturas, especialmente la comida de origen animal.
  • Tomar aceites y grasas saludables como: aceites de coco y oliva virgen, mantequilla, aguacates, frutos secos, semillas o huevos (con la yema poco hecha). Evitar los alimentos fritos y los lácteos de vaca pasteurizados.
  • Comer más verdura, que es uno de los factores anti-placa arterial más potente, gracias a su gran contenido en minerales y vitaminas.
  • Hacer ejercicio, pero sin pasarse, ya que un exceso actúa de estresor para el cuerpo.

En conclusión, una dieta baja en grasas, que es la que se suele recomendar para prevenir el colesterol elevado, provoca un déficit en la producción de los tejidos de nuestro cuerpo, que además serán de mala calidad al no tener disponible las grasas saludables adecuadas. Este tipo de dietas también implican normalmente un aumento en el consumo de cereales y fruta, lo que aumenta la ingesta de azúcares y conducen a problemas cardiacos, que es precisamente lo que intentamos evitar.

 

Artículo elaborado para Sopa Tóxica

 

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Súper alimentos

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SÚPER ALIMENTOS

Artículo elaborado para Sopa Tóxica

Casi todos los alimentos no procesados y que no sean azúcares tienen sus beneficios, evidentemente, pero algunos de ellos destacan por su gran cantidad de nutrientes o por su acción beneficiosa en nuestra salud. Aquí están algunos de ellos:

HÍGADO

Los órganos de los animales son las partes más blandas y por lo tanto, generalmente, las más fáciles de comer. Por este motivo y por que también en algunas culturas se les atribuye la cualidad de transmitir la fuerza o la salud del animal, en algunos periodos de la historia y en algunas culturas la gente ha preferido comer órganos antes que carne.

La creencia de que algunos órganos nos traspasan la energía del animal se confirma científicamente en el hígado, que tiene un factor antifatiga conocido desde 1951, pero que todavía no se ha identificado. Quizá se deba a la conjunción de todo lo que el hígado contiene y a como actúa en sinergia.

El hígado destaca por su gran concentración de nutrientes. Además de ser una fuente de proteína de alta calidad también es la mejor fuente de vitamina A y tiene una gran abundancia de vitaminas del grupo B como ácido fólico y en concreto B12, por lo que es muy útil contra la anemia perniciosa (deficiencia vitamina B12). En cuanto a minerales contiene sobre todo hierro, pero también cobre, zinc y cromo. Es una fuente de coenzima Q10, que es un antioxidante especialmente importante para la salud cardiovascular y para que nuestros músculos puedan generar energía.

Existe cierta controversia en el consumo de hígado, ya que existe la creencia de que el hígado almacena muchas toxinas y tiene demasiada vitamina A, pero en el hígado no se almacenan tóxicos, como sí ocurre en el tejido graso, sino que es donde se neutralizan. En cambio, en el hígado sí que se almacenan las vitaminas y minerales que antes hemos listado. En cuanto a la vitamina A, si es de origen natural, solo puede causar problemas en dosis extremadamente grandes.

Por ejemplo, la dosis recomendada de hígado de ternera son  100 gr máximo a la semana. Lo recomendado es por supuesto que el hígado proceda de animales criados ecológicamente. El hígado tiene una gran cantidad de colesterol, pero debemos saber que solo el 15% del colesterol de nuestro cuerpo procede de los alimentos, el resto lo producimos nosotros mismos en nuestro propio hígado.

FERMENTADOS: KÉFIR

Si necesitamos rehacer nuestra flora intestinal, reforzar nuestro sistema inmunitario y mejorar nuestra energía una buena manera es comer alimentos fermentados como los vegetales fermentados, el yogur o el kéfir (originario del Cáucaso).

Los gránulos de kefir son un conjunto de fermentos, grasas y proteínas que normalmente se utilizan para fermentar leche obteniendo algo parecido al yogur, pero con una textura más líquida y también para hacer agua de kéfir con agua o con agua de coco. Nos centraremos en el kéfir hecho de leche (normalmente de vaca o cabra), ya que es el que más fácil de conseguir. El kéfir se puede comprar ya hecho o también comprar los fermentos y hacerlo en casa utilizando cualquier tipo de leche. Como siempre, deberemos inclinarnos por el kéfir ecológico.

Gracias a que los fermentos nos han predigerido la leche, es mucho más fácil para nosotros su asimilación por parte de nuestro sistema digestivo. El kefir es un probiótico, así que ayuda a la proliferación de las bacterias beneficiosas de nuestros intestinos, pero también es un alimento altamente nutritivo que aporta minerales, como calcio y magnesio y aminoácidos esenciales. Uno de ellos es el triptófano, que relaja el sistema nervioso y ayuda a descansar.

También es rico en vitaminas B12, B1, K y biotina, una vitamina del grupo B que ayuda a absorber correctamente al resto de vitaminas B como el importante ácido fólico. Mantener un buen nivel de vitaminas B es básico para, por ejemplo, la correcta función renal, del hígado y del sistema nervioso y la buena salud de nuestra piel, cabello y uñas.

El kéfir mejora también nuestro sistema inmunitario y facilita el paso por el tracto intestinal y su función y mantiene sano el tracto digestivo. Está especialmente recomendado tomarlo durante y después de tratamientos con antibióticos y para mujeres embarazadas o que están amamantando.

La diferencia entre el yogur y el kéfir es que el yogur aporta bacterias que mantienen limpio el sistema digestivo y alimenta a las bacterias beneficiosas de nuestros intestinos, mientras que el kéfir coloniza de bacterias beneficiosas nuestros intestinos. Esto hace que los deseos de comer comida basura sean mucho menores, ya que, por ejemplo, la cantidad de cándida, un hongo que se alimenta de azúcares y harinas refinadas, se verá reducida en nuestros intestinos, por lo que tendremos menos antojo de estos alimentos.

CEBOLLA

La cebolla se empezó a cultivar en Oriente Medio hace al menos 5000 años, aunque se cree que se consumía antes del Neolítico gracias a que es muy duradera y se pude transportar fácilmente, lo que la hace muy útil gracias a que su consumo reduce la necesidad de agua. Aunque podemos encontrar cebollas en todo el mundo, este vegetal es una de las estrellas de la cocina mediterránea. Un ejemplo es el antiguo Egipto donde simbolizaba la eternidad y donde ya era conocida por su capacidad para aportar energía a nuestro cuerpo, por lo que se les daba generosamente a los trabajadores de las pirámides para poder aguantar las jornadas de trabajo.

La cebolla contiene una gran cantidad de sustancias sulfurosas, es decir, compuestas por azufre, que son las responsables del olor típico de la cebolla y también son una fuente de bloques de construcción para nuestro tejido conjuntivo; pero también son las responsables de otras muchas de sus cualidades para potenciar nuestra salud y protegerla gracias a su gran capacidad antialergénica, antihistamínica, antioxidante y antiinflamatoria.

Una muestra de su capacidad antioxidante y antienvejecimiento es su gran cantidad y concentración de polifenoles. Los polifenoles son componentes de las plantas que pueden mejorar nuestra salud notablemente. Un polifenol con una presencia muy alta en la cebolla es, por ejemplo, la quercetina.

Los polifenoles de la cebolla también benefician a nuestra salud cardiovascular gracias a su capacidad anticoagulante, a que evitan que la plaquetas se acumulen en donde no deben y a que protegen contra los ataques al corazón. La cebolla además reduce los niveles de colesterol y triglicéridos y mejora la función de las membranas celulares de los glóbulos rojos.

Algo no muy conocido de la cebolla es que también nos ayuda a aumentar nuestra densidad ósea si la consumimos diariamente, por lo que es de gran ayuda para las personas con osteoporosis.

Todas estas cualidades de la cebolla hace que sea un alimento ideal, que nos ayuda a prevenir muchas enfermedades como el cáncer, especialmente del tracto digestivo y de ovarios. La cebolla consigue inhibir la capacidad de generación de los tumores y provoca la muerte de las células cancerosas. Solo tomar cebolla una vez al día ya nos aporta la protección contra ciertos tipos de cáncer y enfermedades como las que hemos indicado anteriormente.

Como cocinar la cebolla de forma saludable:

Lo mejor es comer la cebolla cruda, pero si preferimos cocinarla manteniendo el máximo de nutrientes la forma más saludable es cortarla en lonchas finas o picarla y dejarla reposar durante 5 minutos para que se activen las sustancias beneficiosas. Poner dos cucharadas de agua en un recipiente y echar la cebolla cuando el agua empiece a hervir y tapar. Bajar el fuego y después de 3 minutos añadir dos cucharadas más de agua y dejar hervir durante 4 minutos más con el recipiente destapado.

¿Por qué lloramos cuando cortamos cebolla?
Cuando las cebollas se cortan o se pelan liberan un gas lacrimógeno que es el responsable de que nos pongamos a llorar. Es un gas sulfuroso, una muestra de las sustancias sulfurosas que contiene y que nos son tan beneficiosas.

Nuestros intestinos son nuestro segundo cerebro y el lugar donde se concentra la mayor parte del sistema inmunitario de nuestro cuerpo, por lo que cuidarlo comiendo alimentos que realmente nos dan fuerza y nos sientan bien nos facilitará mucho la vida, ya que nos mejorará física y mentalmente, mejorará nuestro carácter y nos mantendrá saludables.

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Alimentos súper saludables

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ALIMENTOS SÚPER SALUDABLES

Artículo elaborado para Sopa Tóxica

Casi todos los alimentos no procesados y que no sean azúcares tienen sus beneficios, evidentemente, pero algunos de ellos destacan por su gran cantidad de nutrientes o por su acción beneficiosa en nuestra salud. Aquí están algunos de ellos:

SEMILLAS

Las semillas son uno de los alimentos con más nutrientes que podemos encontrar, ya que en cada una de ellas hay todo lo necesario para crear una nueva planta. Contienen minerales como magnesio, calcio, zinc o cobre y vitaminas (E, grupo B, etc.) que son básicas para nuestro organismo. Además nos aportan mucha energía con muy poca cantidad.

Las semillas también nos aportan ácidos grasos (omegas 3, 6 y 9) que nuestro cuerpo puede utilizar para crear membranas celulares y tejidos, así como grasa para mantener en buen funcionamiento nuestras glándulas y nuestro cerebro, y también antioxidantes y sustancias anticancerígenas que nos permiten prevenir o combatir el cáncer.

Algunos ejemplos son las semillas de cáñamo, sésamo, comino, uva y las pipas de girasol o calabaza. Siempre deberemos escoger semillas ecológicas y crudas y lo mejor es comerlas molidas o ponerlas en remojo antes de comerlas para digerirlas mejor, dependiendo del tipo de semilla. Para molerlas una buena opción son los molinillos de café.

Semillas de lino: Las semillas de lino merecen una mención especial, ya que destacan por su capacidad nutritiva y anticancerígena.

Son la fuente vegetal más importante de omega 3, que es fundamental para la salud celular, así como la cardiovascular y para la protección contra el cáncer de pecho y próstata o para combatirlo si ya se ha diagnosticado.

Las semillas de lino además contienen 100 veces más lignanos que cualquier otra planta comestible. Los lignanos son capaces de frenar el crecimiento del cáncer de pecho y próstata y de frenar la metástasis reduciendo los factores de crecimiento de los tumores. Son capaces de prevenir el cáncer de pecho, ya que hacen que el tejido mamario sea más resistente a las toxinas. Actúan sobre los procesos hormonales sin crear efectos secundarios y sin ponernos en peligro. Esto es muy útil para prevenir y combatir los cánceres de origen hormonal, sobre todo los de pecho. Por ejemplo, son capaces de alargar los periodos menstruales, en el caso de que se tengan muy a menudo, y están recomendadas para los periodos de peri y de postmenopausia por que reducen los sofocos.

La dosis recomendada de estas semillas son 3 cucharadas al día molidas, que se pueden añadir a las comidas. También para hombres para evitar el cáncer de próstata.

ESPINACAS

Todos los vegetales de hoja verde contienen nutrientes antiinflamatorios y anticancerígenos, pero las espinacas están entre las primeras posiciones, no solo por la cantidad, sino también por su efectividad especialmente a lo largo del tracto digestivo y contra los cánceres agresivos de próstata. Estos agentes anticancerígenos son capaces de ralentizar la división de las células cancerosas. Además también son una fuente de potentes antioxidante como las vitaminas A, C o E, el manganeso y el selenio. Esto las hace ideales para evitar los problemas cardiovasculares. Un par de estos antioxidantes, la luteína y la zeaxantina, son especialmente activos en los ojos, donde previenen la degeneración macular provocada por la edad.

Las espinacas contienen una buena cantidad de vitaminas del grupo B y sobre todo son una fuente especialmente importante de vitamina K, muy importante para que el calcio que comemos se coloque donde debe y no provoque calcificaciones, por lo que es básica para la salud de nuestros huesos.

Para conservarlas hasta 5 días lo mejor es colocarlas en bolsas herméticas sacando el aire de dentro. Las espinacas se pueden comer crudas, que es lo ideal, pero también al vapor. En el caso de que las queramos hervir, las deberemos poner en mucha agua hirviendo durante solo 1 minuto. De esta manera se perderán el mínimo de nutrientes.

ESPECIAS

Las especias tienen un lugar muy importante en nuestra cocina, aunque no nos damos cuenta de la importancia que tienen para nuestra salud. La mayoría de ellas provienen o son originarias de Asia, donde son muy apreciadas por sus cualidades medicinales. Las especias contienen sustancias que nos aportan energía y mejoran la digestión de los alimentos, gracias en parte a su capacidad para desinflamar nuestros intestino, normalmente bastante castigado, pero además también contienen una gran cantidad de antioxidantes que ayudan a prevenir el cáncer y a combatirlo una vez se ha diagnosticado y por si fuera poco, también mejoran la actividad de nuestro sistema inmunitario.

Cúrcuma: Entre las especias se puede destacar la cúrcuma por ser la que tiene mayor capacidad anticancerígena, entre otros beneficios para nuestra salud tales como una potencia antioxidante 300 veces mayor que la vitamina E, una espectacular capacidad antiinflamatoria y además ayuda a perder peso gracias a que emulsifica la grasa de nuestro cuerpo.

La cúrcuma tiene la capacidad de eliminar células cancerosas de forma selectiva de 30 maneras diferentes. También tiene la capacidad de detener y frenar el crecimiento de los tumores gracias a que desactiva las toxinas presentes en el hígado y previene la formación de carcinomas evitando la formación de capilares que dan riego sanguíneo a los tumores; de esta manera no se puedan alimentar. Es especialmente efectivo en los cánceres de origen hormonal, como el de pecho o próstata. En el caso de cánceres ya diagnosticados, mejora la efectividad de la quimioterapia a la vez que protege a los órganos del daño que puedan recibir por parte del propio tratamiento y también reduce las habilidades del cáncer para reproducirse e invadir otros tejidos o hacer metástasis.

Además de añadirla la cúrcuma a las comidas, se puede tomar con té verde, de manera que las cualidades anticancerígenas de estos dos alimentos se vean potenciadas, ya que funcionan en sinergia.

La cúrcuma también ayuda a deshacer piedras en el riñón y la vesícula, protege el estomago de úlceras y reduce le riesgo de problemas de cardiovasculares. Tras exponerla a la luz solar se puede utilizar tópicamente contra infecciones de hongos o bacterias o para mejorar los problemas de piel. La cúrcuma se puede tomar añadiéndola a la comida, pero nunca sobrecocinada. Para combatir el cáncer está recomendado tomar 2 gramos al día.

AJO

El ajo es tradicional en nuestra cocina, aunque es originario de Asia Central. Tiene una capacidad antioxidante excepcional, así como una gran cantidad de selenio, que mejora la producción de glutatión, uno de nuestros propios antioxidantes y desintoxicantes. El ajo es un conocido antibiótico que se utilizó como tal por Louis Pasteur y más tarde en la PGM. Es capaz de eliminar de nuestro organismo bacterias, virus, hongos y parásitos (muy útil en caso de candidiasis) y de mejorar la acción de nuestro sistema inmunitario, como se demostró en un estudio realizado el año ’89 en enfermos de SIDA.

El ajo también nos puede ayudar en caso de padecer enfermedades cardiovasculares, ya que licua la sangre, evitando que se formen trombos, reduce el colesterol, mantiene la elasticidad de las arterias y reduce la presión sanguínea. Curiosamente el ajo no se recomienda en el caso de que se tomen anticoagulantes por que interfiere en la acción del medicamento. En otras palabras, es tan bueno que hace la misma función que el medicamento, por lo que este no sería necesario o se tendría que reducir la dosis (y con ello también los efectos secundarios del medicamento).

Respecto al cáncer, el ajo dispone de las mismas armas que la cúrcuma, que aunque quizás son menos potente, no son nada despreciables. Es especialmente útil contra el cáncer de pecho, ya que es capaz de reducir la formación de carcinomas entre un 50% y un 70%. Evita que las toxinas actúen en el ADN de las células del pecho, evita que las células cancerosas se junten formando tumores y reduce el riesgo de metástasis. También potencia el tratamiento de quimioterapia y protege a nuestro cuerpo de los daños causados por este y está recomendado también para otros cánceres como los de laringe, colon, faringe, boca, estomago, ovarios, próstata y riñón.

Para obtener el máximo beneficio del ajo deberemos comerlo siempre crudo, machacado o troceado y comerlo 15 minutos después para dar tiempo a que los enzimas se activen. Para evitar tener aliento a ajo, lo mejor es cortar el diente de ajo por la mitad y sacar el corazón.

 

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3 cambios saludables de verdad para el invierno

cambios saludables invierno

3 CAMBIOS SALUDABLES DE VERDAD PARA EL INVIERNO

 Artículo elaborado para Sopa Tóxica

Para el primer Sopa Tóxica del año, os proponemos 3 cambios para los 3 primeros meses del año que os ayudarán a mejorar la salud de verdad. Este es el primer de 4 programas que haremos durante este año, uno por estación, con un total de 12 propuestas saludables.

Estos cambios están basados en corregir dos ideas equivocadas que son muy comunes hoy en día.

La primera es que estamos bien alimentados y en concreto que no nos faltan sales minerales porque las obtenemos de los alimentos, principalmente de los vegetales que comemos. Esto no es del todo correcto, ya que los suelos hoy son más pobres en nutrientes que hace 100 o 50 años y además el equilibrio de minerales del suelo está roto debido al uso de fertilizantes y pesticidas, lo que provoca que ingiramos más cantidades de unos minerales que de otros. El aumento de algunos minerales puede provocar la reducción de otros debido a que son antagonistas, como ocurre con el potasio y el magnesio. Los fertilizantes ricos en potasio producen un descenso en los niveles de magnesio del suelo.

Otra idea equivocada es que las grasas (naturales) engordan y son malas para la salud, lo que no es cierto, al menos en la mayoría de casos. Las epidemias de obesidad y de diabetes de tipo 2 que sufren los países occidentales se deben en gran parte a la gran ingesta de grasas hidrogenadas, azúcares y harinas refinadas, no a las grasas naturales.

Comer alimentos sin nutrientes, pero que contienen azúcares y harinas refinadas nos aporta solo calorías, pero no nutrientes (minerales y vitaminas). De esta manera engordamos, pero seguimos desnutridos y débiles, por lo que nuestro cuerpo nos pide más alimento, así que comemos más azúcares y harinas refinadas. Un circulo sin ningún tipo de virtud.

 

 

1-   SAL / ENERO

Consejo convencional: Reduce la sal

Nuestro consejo: Elimina la sal refinada e introduce la sal sin refinar

 

Los minerales y su equilibrio en nuestro cuerpo son una de las piezas claves para tener una buena salud mental y física. Podemos obtener los minerales de la sal, que es una de las fuentes de minerales más importantes de que disponemos. Esto es cierto siempre que la sal no esté refinada.

La sal sin refinar está compuesta casi en su totalidad por cloro y sodio (cloruro sódico) y en una pequeña parte por minerales. La sal refinada es la sal del mar de la que se han eliminado todas las “impurezas”, entre ellas los minerales, dejando solo el cloruro sódico y a la que se pueden haber añadido aditivos como antiaglutinantes.

El sal refinada, es decir, el cloruro sódico, es una sustancia muy agresiva de la que el cuerpo necesita desprenderse muy rápidamente. Para ello utiliza el agua de nuestras células, lo que hace que se deshidraten y mueran. Se necesitan 23 gr. de nuestra agua para disolver 1 gr. de sal refinada. Si esa agua no está disponible, el cuerpo utiliza proteínas de origen animal (leche y carne roja principalmente) para neutralizarla, pero como resultado se produce ácido úrico, que se deposita en forma de cristales en los huesos y las articulaciones, provocando lo que se conoce como gota. Además provoca hipertensión y los problemas cardíacos derivados de ella, entre los que está la propia medicación contra la hipertensión.

Para sustituir la sal refinada disponemos de sal de mar sin refinar, que es muy fácil de encontrar, y también de sal de montaña. La primera contiene mucho más yodo que la segunda (especialmente la flor de sal), lo que beneficiará a nuestra tiroides, y la segunda es más pura que la primera, ya que ha estado millones de años aislada bajo las montañas.

La sal sin refinar, por cierto, no hace subir la presión, sino que ayuda a regularla.

 

 

2-   AZÚCAR / FEBRERO

-Consejo convencional: Sustituye el azúcar por edulcorantes artificiales

-Nuestro consejo: Elimina el azúcar y sustitúyelo por stevia

 

El azúcar está compuesto por una molécula de glucosa (lo que queman nuestras células) y otra de fructosa unidas. Aporta mucha energía a nuestro cuerpo y muy pocos nutrientes y en el caso del azúcar blanco o refinado, ningún nutriente. El azúcar que no se consume se almacena en forma de grasa, por lo que en el caso de que la ingesta de azúcar sea muy grande provoca obesidad y más tarde diabetes. De esta manera el azúcar se ha convertido en la principal causa de la epidemia de obesidad que sufre nuestra sociedad actualmente. Debemos tener en cuenta que muchas veces comemos azúcar sin saberlo en los alimentos y bebidas procesados.

El azúcar además crea adicción, tal y como hace una droga excitante, por lo que provoca comportamientos adictivos. Especialmente es dañino en los niños, ya que puede modificar su comportamiento y su metabolismo y crear problemas para el resto de sus vidas. El azúcar también inhibe el sistema inmunológico, facilita la aparición de candidiasis, hace crecer más rápido el cáncer e interfiere en la absorción del calcio y del magnesio.

La alternativa al azúcar no pasa por utilizar edulcorantes artificiales, ya que también pueden darnos problemas de salud debido a su toxicidad. Lo más recomendado es utilizar stevia, una planta que no contiene azúcar y con una capacidad edulcorante mucho mayor que éste y que además es antioxidante, antiinflamatoria y anticancerígena. Se pueden utilizar sus hojas si la plantamos en casa (es una planta pequeña) o en forma de extracto, que es muy fácil de encontrar hoy en día. La stevia no aporta calorías y además tiene beneficios para nuestra salud, ya que por ejemplo reduce la tensión arterial, es diurética, regula el sistema digestivo y reduce el colesterol y los triglicéridos.

 

 

3-   GRASAS / MARZO

-Consejo convencional: No comas grasas para no engordar ni tener colesterol

-Nuestro consejo: Come aceite de coco, frutos secos y utiliza aceite de oliva virgen crudo para no engordar ni tener exceso de colesterol

 

Debido a la gran confusión generada especialmente por lo que nos conviene y no nos conviene comer para mantener a raya nuestro colesterol y peso, hoy en día se hace bastante difícil saber qué tipo de grasas son buenas para nuestro organismo, por lo que el consejo general que recibimos es el de evitar las grasas. Debemos saber que una buena ingesta de grasas saludables es básica para el cuerpo. Buena parte de nuestro organismo está hecho de grasa, como el cerebro o las glándulas, o bien las grasas son la materia prima a partir de la que se fabrican algunos elementos tan importantes como las hormonas.

 

Las grasas que debemos evitar son las grasas hidrogenadas o grasas trans (aceites vegetales convertidos en aceites saturados de manera artificial) presentes en repostería y bollería industrial, así como en los alimentos procesados. Tampoco son convenientes algunos aceites vegetales, sobre todo si son usados para freír, como es el caso del aceite de girasol.

Por este motivo, los dos aceites saludables que proponemos son el aceite de coco y el aceite de oliva. El aceite de oliva más recomendado es el virgen y si es posible ecológico. De esta manera obtendremos del aceite sus mejores cualidades para nuestra salud, algo que no ofrece el aceite refinado. El aceite de oliva tiene el inconveniente de que cuando se somete a altas temperaturas genera sustancias tóxicas con facilidad, por lo que deberíamos evitar freír con él o bien utilizar aceite de coco para cocinar, que es mucho más estable y por lo tanto genera muchos menos tóxicos.

El aceite de coco siempre debe ser virgen y a ser posible ecológico, igual que el de oliva, para obtener los máximos nutrientes de él. El aceite de coco libera una gran cantidad de energía que nuestro cuerpo puede aprovechar de manera inmediata, pero no provoca ningún pico de insulina, tal y como hacen los cereales y sobre todo el azúcar. Además de ayudar a reducir los niveles de colesterol “malo” (LDL), hace aumentar el colesterol bueno (HDL), estimula el sistema inmunológico, promueve la pérdida de peso, favorece el buen funcionamiento de la tiroides, estimula el metabolismo y la perdida de tejido graso. Por si fuera poco, también es un gran antibacteriano y antiviral natural capaz de destruir virus como el herpes, citomegalovirus, gripe y bacterias patógenas.

 

También puede utilizarse como crema hidratante, desmaquillador, mascarilla capilar, loción corporal, aceite de masaje, pasta de dientes, aftershave, etc.

Las membranas de nuestras células están compuestas de ácidos grasos que podemos encontrar en el aceite de pescado o en los aceites vegetales, por ejemplo, pero también en los frutos secos. Si nuestro cuerpo no tiene suficiente ácidos grasos las membranas celulares son defectuosas y facilitan el paso de toxinas, virus, etc. Por este motivo es importante que en nuestra dieta haya una buena presencia de frutos secos, tal y como sucedía antes del Neolítico, ya que además nos darán una gran cantidad de energía sin los problemas de azúcar o insulina que nos pueden dar los cereales o los azúcares. Cualquier fruto seco está recomendado siempre y cuando sea crudo y es importante tener en cuenta que los cacahuetes no son frutos secos, sino legumbres.

 

Artículo elaborado para Sopa Tóxica

 

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La leche de vaca, cabra y oveja y nuestra salud

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LA LECHE DE VACA, CABRA Y OVEJA Y NUESTRA SALUD

 Artículo elaborado para Sopa Tóxica

 

Una de las más grandes innovaciones y ventajas que nos trajo el Neolítico fue, además de la agricultura, la ganadería. Esta revolución alimentaria -y social- nos permitió tener una fuente constante de carne y también de leche que contribuyó al aumento de la población humana y a la mejora de su calidad de vida. Cada población obtuvo la leche de los animales de su zona geográfica una vez domesticados. En la península los animales de los que se obtiene leche hasta hoy en día son básicamente cabras, vacas, ovejas y yeguas.  La leche es un alimento especialmente diseñado para las crías de los animales mamíferos, que se ajusta a sus necesidades alimentarias cuando son recién nacidas y tiene la proporción necesaria de agua, proteínas, grasas, hidratos de carbono, vitaminas y minerales que necesita cada especie.

La leche más consumida a nivel mundial es la de vaca (83%), aunque es algo relativamente nuevo para la mayor parte de los habitantes de la Península Ibérica, ya que las vacas lecheras que todos conocemos (principalmente frisonas) no se introdujeron hasta finales del siglo XIX o principios del XX básicamente en el norte de la Península, popularizando el uso de la leche de vaca. Hasta aquel momento, la leche que se consumía en la mayor parte de la Península Ibérica procedía principalmente de rebaños de cabras y ovejas. La gran cantidad de leche que produce una vaca hace que sea el animal más rentable de ordeñar y por lo tanto su leche es la que se nos ha enseñado que debemos consumir. La leche y sus derivados son alimentos cuestionables hoy en día, si no proceden de agricultura ecológica, debido a las prácticas de selección genética, la aplicación de hormonas y antibióticos en los animales y a la alimentación basada en piensos (normalmente con ingredientes transgénicos y/o soja) que se utiliza en las explotaciones ganaderas. Pero además hay que contar con los procesos de pasteurización y homogenización que se utilizan para eliminar patógenos, que provocan cambios no deseados en la leche como la eliminación de las enzimas que permiten la absorción del calcio, la destrucción de minerales coloidales que permiten absorber los nutrientes de la leche, la destrucción de las vitaminas A, C, B12 y B6 y la destrucción de las bacterias que nos son beneficiosas, lo que permite el crecimiento de otros patógenos, entre otros efectos.

 

Leche cruda

La leche que podemos encontrar en cualquier comercio convencional procede de animales alimentados en buena parte con piensos, normalmente con transgénicos. Además a estos animales se les da antibióticos que acaban en nuestro cuerpo generando problemas de salud como alergias o resistencia a los antibióticos.

La leche cruda es la que sale directamente del animal antes de pasteurizar, homogeneizar ni tratarla de ninguna manera. Es la mejor leche, sino la leche real o “leche viva”. La leche cruda mantiene intactos todos los nutrientes, ya que no se ha pasteurizado ni homogeneizado y en el caso de ser ecológica, la alimentación del ganado y el no uso de medicamentos en los animales ofrece unas garantías de calidad y de nutrición mucho más altas que las de la leche convencional. Aunque existe una legislación a nivel europeo sobre la venta de leche cruda y se pueden encontrar de manera relativamente fácil derivados de leche cruda, como el queso, aún es bastante difícil encontrar productores o empresas dedicadas a la venta de leche sin tratar. Lógicamente, para estas empresas es más rentable vender un producto con una fecha de caducidad más larga, lo que reduce mucho la merma. Gracias a la tecnología de que disponemos actualmente ya no debería ser necesario pasteurizar la leche, lo que nos proporcionaría productos de la mejor calidad con todos sus nutrientes intactos.

Antes de los procesos industriales de tratamiento de la leche, la leche cruda era incluso tratada como un medicamento con el que se realizaban curas basadas la capacidad de desintoxicación de la leche (conocida ya por Hipócrates) y su gran capacidad nutritiva. Estas curas con leche cruda se utilizaban, por ejemplo, en la Clínica Mayo de EE.UU. en los años 20 contra enfermedades del sistema nervioso, tuberculosis, enfermedades cardiovasculares y renales o hipertensión con resultados muy positivos.

Más información sobre la leche cruda en Real Milk

 

Lactosa

La lactosa, presente en todas las leches, puede plantear un problema de intolerancia a algunas personas con deficiencia, que no falta, de la enzima lactasa, encargada de la digestión de la lactosa. Esta deficiencia es muy común en la edad adulta, ya que se supone que ya no debemos alimentarnos de la leche materna. Debido a no tener una cantidad suficiente de estas enzimas, la leche, y especialmente la de vaca, puede ser realmente indigesta para algunas personas y provocar problemas digestivos y otros problemas derivados. La mejor solución entonces es consumir productos lácteos fermentados, a ser posible de leche cruda. En estos productos, gracias al proceso de fermentación, la lactosa se convierte en ácido láctico, de manera que cuanto más curados estén, menos presencia de lactosa tendrán.

Algunas personas con intolerancia a la lactosa, pueden tolerar lácteos derivados de cabra y oveja.

 

Calcio

Hoy en día existe una gran preocupación por nuestros huesos, especialmente entre la población femenina debido a la creciente epidemia de osteoporosis. La leche de vaca se nos vende como la fuente de calcio más importante en nuestra alimentación, pero lo cierto es que la leche de cabra tiene un 20% más de calcio que la de vaca y la de oveja un 80%. Tampoco se tiene en cuenta que debido a la pasteurización de la leche se eliminan algunas enzimas de la leche, entre ellas la fosfatasa, que permite al organismo absorber el calcio de la leche. Lo cierto también es que por si solo el calcio no se sabe colocar en los huesos y necesita de las vitaminas D (la conseguimos simplemente exponiéndonos al sol) y K (presente en verduras de hoja verde como espinacas, acelgas, col o lechuga), magnesio (presente en espinacas, acelgas, semillas de calabaza y girasol, almendras, etc.) y de algo de ejercicio físico (algo tan simple como caminar 30 minutos al día) para ser absorbido y fijado en el tejido óseo. En caso contrario, el calcio puede llegar a ser un problema e incluso provocar calcificaciones. Como las vacas, cabras y ovejas no toman leche cuando son adultas, comen pasto o brotes para conseguir el calcio. Nosotros, si queremos, también podemos obtener el calcio de las verduras de hoja verde.

 

Leche de vaca

Aunque la leche de vaca es la más popular, básicamente por el rendimiento que tiene una vaca (puede llegar hasta a 50-60 litros por día), puede provocar una serie de problemas de salud, especialmente cuando se somete a procesos de pasteurización y homogenización.

La leche vaca es difícil de digerir debido al gran tamaño de sus glóbulos, que son muy grandes debido a una proteína llamada aglutinina. Esto hace que a nuestro sistema digestivo le cueste mucho romperlos para su posterior absorción, por lo que es normal que la leche de vaca no nos siente demasiado bien. Para las personas que han identificado este problema estaría recomendado tomar leche de cabra o de oveja, que son mucho más fáciles de digerir o también tomar leche cruda de vaca, ya que el hecho de tomar la leche todavía “viva” hace que sea mucho más digerible.

La leche de vaca aumenta la secreción de mucosidad:

La creencia popular de que la leche aumenta las mucosidades es una verdad a medias, ya que solo son algunos tipos de raza de vaca las que provocan este problema. Las razas  frisona y Holstein, las más extendidas en la Península, producen en demasía un tipo de proteína en su leche (Beta-CM-7) que es un opiáceo. Esta proteína puede estimular la secreción de mocos en nuestros tractos digestivos y respiratorios, lo que puede empeorar los problemas respiratorios. Esta proteína también está implicada en la diabetes de tipo 1, enfermedades autoinmunes y cardíacas. Por este motivo sería una gran cosa que los productores de leche especificaran qué vacas producen su leche, ya que existen otras razas –Jersey, Guernsey, las asiáticas y las africanas- que no producen este tipo de proteína, pero no son tan rentables debido a su menor producción.

La leche de cabra y oveja tampoco tienen este tipo de proteína, por lo que no aumentan la secreción de mucosidad.

Si toleramos bien la leche de vaca, ésta nos puede aportar muchos nutrientes pero solo en el caso de que esté alimentada con pasto. Por ejemplo, nos aporta el ratio correcto de omega 6 y omega 3 (1:1). También ofrece una mayor cantidad de vitamina E y vitamina A (por eso tiene un color amarillento) que la leche de vacas alimentadas con cereales y/o soja.

 

Leche de cabra

La leche de cabra se digiere con más facilidad que la de vaca debido a que sus glóbulos de grasa son mucho más pequeños, ya que no tiene aglutinina y por lo tanto, son mucho más fáciles de romper por nuestro sistema digestivo. También influye en la mejor digestión el tipo de grasa, ya que la leche cabra tiene un 50% más de triglicéridos de cadena media (los mismos que tiene el aceite de coco virgen) que la de vaca y que son fácilmente asimilables. Estos triglicéridos son, además, una gran fuente de energía por que estimulan el metabolismo y también reducen el tamaño de las células adiposas de nuestro cuerpo así como los niveles de colesterol. Es una leche muy similar a la leche humana, lo que la hace indicada para las fórmulas para bebés en caso de tener que sustituir la leche materna.

La leche de cabra también tiene la capacidad de facilitar la metabolización del hierro y el cobre en nuestro organismo y la leche cruda de cabra se utiliza en algunas culturas para tratar problemas del sistema nervioso por su alto contenido en sodio, potasio y magnesio y por que alcaliniza nuestro organismo, lo que reduce la posibilidad de que virus, hongos y bacterias puedan proliferar.

Si podemos conseguir leche de cabras que comen pasto podremos obtener de la leche ácido linoleico, un potente anticancerígeno, así como un nivel más alto de vitaminas A y D y de vitamina K2, que previene la caries, protege los vasos sanguíneos de calcificaciones, placas e inflamación y aumenta la capacidad de aprendizaje, algo muy importante en los niños. Para que la leche sea certificada como ecológica, un porcentaje muy alto de la alimentación de los animales de debe de ser pasto.

 

Leche de oveja

La mayoría desconocemos la leche de oveja, aunque conocemos el queso manchego, cuyo sabor característico y textura grasa lo da este tipo de leche.

La leche de oveja se digiere igual de bien que la de cabra gracias a que también contiene un alto contenido en triglicéridos de cadena media, pero supera a leche de vaca y de cabra en su contenido en nutrientes, por lo que es una alimento excelente. Tiene hasta el 80% más de calcio que la leche de vaca y hasta el doble de materia grasa y proteínas que la leche de cabra. También contiene mucha más cantidad de vitamina A, D y E. También es mucho más rica que las leches anteriores en ácido fólico, vitamina C y sobre todo B1 y B2.

 

¿Qué leche tomar?

Siempre que nos sea posible deberemos escoger leche cruda ecológica con las suficientes garantías sanitarias, aunque aún es difícil encontrarla en la Península Ibérica. Podemos optar por derivados lácteos de leche cruda, como el queso, que además tendrán un contenido en lactosa mínimo.

Si no nos es posible obtener leche cruda con garantías, lo mejor son leches pasteurizadas enteras y ecológicas, ya que esto nos asegura que no contendrán restos de antibióticos, hormonas y que la alimentación de los animales ha sido alta en pasto, así como que no se los ha sobreexplotado.

La leche ecológica de oveja es la que nos ofrecerá más nutrientes, seguida de la leche de cabra y en último lugar la de vaca, porque además tiene el problema que es menos digerible y provoca más problemas digestivos.

 

Artículo elaborado para Sopa Tóxica

 

 

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El coco: nutrición, salud y cosmética

 

 

El coco: nutrición, salud y cosmética

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EL COCO: NUTRICIÓN, SALUD Y COSMÉTICA

Artículo elaborado para Sopa Tóxica

El coco es uno de los elementos básicos en la cocina y la cultura de los países tropicales. Se supone su origen en el Pacífico desde donde se extendió a Centroamérica. Llegó a la cultura occidental con los primeros conquistadores españoles y portugueses del siglo XVI. Pigafetta, el cronista del viaje de Magallanes y Elkano, explica en su llegada a la isla de Guam que dos cocoteros pueden alimentar y dar de vestir a toda una familia indefinidamente. El coco es uno de los factores que explican la buena salud general y dental en particular de los habitantes de los trópicos, donde el coco es la principal fuente de energía y su aporte nutricional a estas poblaciones es impresionante.

Hoy en día el cocotero es el tipo de palmera más cultivada y de los cocos se aprovecha todo. Las fibras para confeccionar tejidos y fertilizante ecológico, la pulpa y el agua en la industria alimentaria y cosmética y la corteza del coco para producir energía o carbón activo para plantillas antiolor y purificadores de aire.

A continuación trataremos 3 de los productos alimentarios derivados del coco: el agua de coco, la leche de coco y el aceite de coco. Para que sean realmente beneficiosos, todos ellos deben proceder de cocos ecológicos certificados para asegurarnos que no se han cultivado utilizando pesticidas ni fertilizantes y además el aceite debe ser virgen.

 

AGUA DE COCO

El agua de coco se obtiene de los cocos todavía verdes. Cuando el coco está verde su interior está lleno de una sustancia gelatinosa que a medida que el coco madura se convierte en la pulpa blanca del coco y en agua de coco. El agua de coco está compuesta en un 95% de agua y además es:

  • Rica en vitaminas naturales (vitaminas del grupo B), minerales, oligoelementos (incluyendo zinc, selenio, yodo y manganeso).
  • Contiene aminoácidos, ácidos orgánicos, enzimas y antioxidantes.
  • Baja en calorías y azúcares y casi no contiene grasa.
  • Es la fuente más importante de citoquinas (hormonas vegetales) que son anticancerígenas, reducen el envejecimiento celular y previenen los trombos.

Bebidas isotónica: Las características anteriores y el alto contenido en electrolitos (iones) convierte al agua de coco en la alternativa realmente sana a las bebidas isotónicas convencionales, que tienen el problema de estar cargadas con colorantes, conservantes y otros aditivos químicos. Por este motivo también es muy beneficiosa para los enfermos del corazón o con hipertensión. La mejor opción después de hacer ejercicio, si sudamos demasiado debido al calor o incluso en caso de deshidratación es el agua de coco.

El agua de coco es muy compatible con nuestro organismo debido a que tiene una composición muy similar a nuestro plasma sanguíneo. De hecho muchos médicos de zonas tropicales con pocos medios la han aplicado durante años a sus pacientes por vía intravenosa, ya que al salir del coco, el agua es totalmente estéril y está cargada con una gran cantidad de nutrientes.

Debido a que favorece la desintoxicación del cuerpo está recomendada que la tomen personas que reciben quimioterapia o que necesiten eliminar tóxicos del organismo. Además es una buena alternativa a la leche de origen animal para los alérgicos o intolerantes a la lactosa y para los vegetarianos.

 

ACEITE DE COCO

El aceite de coco se extrae a través del prensado de la pulpa de coco y es casi en su totalidad ácidos grasos saturados. Se solidifica por debajo de los 23ºC, lo que le da un aspecto de manteca. El aceite de coco que trataremos a continuación es el aceite de coco virgen, ya que el aceite de coco refinado ha perdido varios de sus nutrientes en el proceso de refinado, durante el cual además se ha tratado con sustancias químicas. Como en el caso del agua y la leche coco, deberemos escoger siempre el aceite de coco virgen ecológico certificado.

Varios estudios y observaciones de poblaciones del Pacífico Sur que consumen aceite de coco virgen dieron como conclusión que las enfermedades cardiacas tenían un índice bajísimo y que no existe evidencia de que el consumo de aceite de coco tenga un efecto dañino en estas poblaciones.

Lo que hace que el aceite de coco virgen sea beneficioso para nuestra salud es que hasta el 90% son ácidos grasos saturados de origen natural, a diferencia de los que habitualmente comemos, que son aceites vegetales convertidos a saturados artificialmente (los llamados aceites hidrogenados o grasas trans asociados a la obesidad y los problemas cardiovasculares). Al contrario que este tipo de grasas hidrogenadas, el aceite de coco virgen aporta salud al corazón, ayuda a disminuir el colesterol (disminuye el “colesterol malo” LDL y aumenta el “colesterol bueno” HDL), estimula el sistema inmunológico, aporta energía de forma inmediata (ideal si se practica deporte), promueve la pérdida de peso y favorece el buen funcionamiento de la tiroides.

Una buena parte de los ácidos grasos que tiene el aceite de coco son triglicéridos de cadena media que se convierten en energía rápidamente, como pasa con los azúcares, pero sin producir picos de insulina, por lo que es muy útil para los diabéticos que necesitan una buena fuente de energía pero no pueden consumir azúcares y además puede ayudar a regular los niveles de azúcar. Estos triglicéridos también estimulan el metabolismo, lo que facilita la perdida de peso, la perdida de grasa y la estimulación de la tiroides, siendo ideal para personas con hipotiroidismo. Además el aceite de coco virgen es beneficioso para un buen funcionamiento del sistema digestivo, ya que ayuda a digerir y absorber adecuadamente los alimentos que comemos y es especialmente adecuado en casos de candidiasis, síndrome del intestino irritable, colitis ulcerosa, gastritis, diverticulosis y estreñimiento.

Durante el último año se ha comenzado a contemplar la posibilidad de que el Alzheimer sea un tipo diferente de diabetes en la que las células del cerebro no son capaces de utilizar la glucosa del riego sanguíneo. La solución es introducir en la dieta aceite de coco virgen, rico en triglicéridos de cadena media, que permiten a las células del cerebro tener un combustible alternativo al azúcar y mejorar su funcionamiento. El proceso degenerativo del Alzheimer se interrumpe o incluso se revierte, aunque todavía no hay estudios clínicos sobre esto, solo la esperanza es simplemente brutal.

Otra cualidad sorprendente del aceite de coco es que contiene hasta un 50% de un tipo de aceite llamado ácido láurico, que en el cuerpo se convierte en monolaurina. Esta sustancia forma parte de la leche materna humana y es el monoglicérido antiviral, antibacteriano y antiprotozoario utilizado por el cuerpo humano para destruir los virus recubiertos de lípidos tales como el herpes, citomegalovirus, gripe y varias bacterias patógenas, incluyendo Helicobacter pylori.

El aceite de coco virgen es excelente para cocinar, siempre y cuando sea ecológico certificado. Es una buena alternativa a la mantequilla, perfecto para añadir a sopas, arroz, ensaladas y pasta y para cocinar todo tipo de platos. En concreto es el mejor aceite para freír debido a que sus moléculas son mucho más estables que la de cualquier otro aceite por lo que es menos perjudicial para la salud.

Si se quiere introducir aceite de coco virgen en la dieta, es importante comenzar poco a poco, especialmente las personas con problemas de salud, porque pueden aparecer algunos efectos de desintoxicación ya que el aceite de coco virgen es antibacteriano, antimicótico y antiviral. Además, mucha gente está acostumbrada a una alimentación baja en grasas y el cuerpo necesita un tiempo para adaptarse a consumir más grasas. Como orientación, se recomienda empezar con 1 cucharadita al día añadida a las comidas e ir aumentando lentamente hasta un máximo de unas 3 cucharadas soperas de aceite de coco virgen al día.

Aceite de coco y cosmética

El aceite de coco es uno de los más usados en cosmética para el cuidado de la piel y el cabello debido a sus grandes propiedades y a su cantidad de nutrientes. Además los tensoactivos derivados del coco se utilizan para elaborar detergentes ecológicos y jabones de cosmética natural ya que son eficientes pero suaves y delicados con la piel.

Algunos de los principales usos del aceite de coco virgen en cosmética son:

  • Aplicado en el pelo como aceite de prelavado le proporciona nutrientes, brillo y suavidad.
  • Sobre el cuero cabelludo y masajeándolo durante 10-15 minutos mantiene el cuero cabelludo libre de caspa y favorece el crecimiento del pelo.
  • Usado en la piel previene la aparición de arrugas y manchas que provoca la edad e incluso puede hacer desaparecer la manchas que ya tenemos.
  • Hidratante facial intensiva de noche.
  • Desmaquillador de ojos.
  • Crema corporal intensiva.
  • Mezclado con manteca de karité para una loción corporal suave.
  • Crema hidratante de manos intensiva.
  • Aceite de masaje.
  • Para prevenir estrías durante el embarazo.
  • En las cutículas para ayudar a crecer las uñas.
  • Aplicado en el cuerpo tiene un factor protección solar de 4 y además favorece el bronceado.
  • Mezclado con hierba gatera, aceite esencial de romero o menta como un repelente natural de insectos.

Gracias a su capacidad antibacteriana y antiinflamatoria se puede utilizar:

  • Aplicado en la piel hace que se cicatrice más rápido (quemaduras, heridas, quemaduras de sol, etc.).
  • Como aceite de pre-afeitado.
  • Como after-shave.
  • Como desodorante.
  • Como crema de pañal para los bebés.
  • Solo o mezclado con bicarbonato como dentífrico y blanqueador dental.
  • Puede ayudar a mejorar el acné cuando se usa sobre la piel regularmente y en especial si además se consume.
  • Puede aliviar el dolor de las hemorroides cuando se usa tópicamente.
  • Puede reducir el picor de las picaduras de mosquitos.

 

LECHE DE COCO

La leche de coco es cremosa  y se hace moliendo la pulpa o carne del coco maduro a la que se le añade agua para diluirla. Después se filtra a través de un paño o un colador para separar el agua de la pulpa. En algunos casos se repite el proceso con la misma pulpa, así que se pierden nutrientes por el camino, por lo que lo mejor es escoger leche de coco lo más viscosa posible, ya que esto indicará que no ha sido  excesivamente filtrada.

Se puede beber como la leche animal, pero se utiliza sobre todo para cocinar. La podemos utilizar para sustituir la crema de leche o la nata para cocinar, por ejemplo, además de para beber. Es un buen sustituto a la leche de origen animal y aunque contiene menos proteínas, se digiere mucho mejor debido al tipo de grasa que contiene. Es una buena alternativa para los alérgicos o intolerantes a la lactosa y para los vegetarianos.

Como el aceite de coco, es rica en ácidos grasos saturados naturales, por lo que aporta mucha energía y en concreto es rica en triglicéridos de cadena media que son diferentes de los triglicéridos de cadena larga, que son los que los médicos recomiendan que se eviten. Los triglicéridos de cadena media son capaces de reducir las acumulaciones de grasa de nuestro cuerpo y se digieren muy fácilmente.

Además la leche de coco contiene antioxidantes y es muy rica en minerales que están involucrados en la mineralización de los dientes y los huesos y vitaminas del grupo B. Tiene la ventaja de que es baja en azúcares.

Receta para hacer leche de coco:

  1. Calentar el agua sin dejar que hierva. Se necesitan entre 1,5 y 2 partes de agua por una de coco seco rallado o en copos.
  2. Agregar el coco rallado o el coco en copos y el agua en la batidora y batir a velocidad máxima varios minutos hasta que se espese y tenga una textura cremosa.
  3. Verter a través de un colador para filtrar la pulpa de coco, por una estameña o por un paño para separar el agua de la pulpa. Hay que extraer el agua de la pulpa retorciendo el paño.

La leche de coco se debe beber de inmediato o guardarla en la nevera. Está recomendado consumirla dentro de los 3 o 4 días siguientes.

 

CONCLUSIÓN

Cómo hemos visto las propiedades del agua, la leche y el aceite de coco hacen que sean unos alimentos muy a tener en cuenta si queremos mejorar nuestra salud. Lo más importante que debemos tener en cuenta si nos decidimos a tomar agua, leche o aceite de coco es que deben proceder de cocos ecológicos certificados y el aceite de coco debe de ser virgen. Los cultivos intensivos convencionales de coco requieren un gran uso de pesticidas y fertilizantes que no solo perjudican nuestra salud, sino que destrozan los ecosistemas donde se encuentran estas plantaciones.

Artículo elaborado para Sopa Tóxica

 

INFORMACIÓN ADICIONAL

Aceite de coco ecológico virgen en Pure Nature

Agua de coco ecológica en PureNature

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Azúcar, edulcorantes y salud

AZÚCAR, EDULCORANTES Y SALUD

Artículo elaborado para Sopa Tóxica

 

La caña de azúcar ya se consumía al menos desde hace 5.000 años, pero no es hasta hace 2.600 años cuando se comercializa al azúcar cristalizado, como hoy en día lo conocemos. Es un producto originario de la India que ya era conocido por romanos y griegos gracias a los persas y más tarde las invasiones árabes de la Edad Media introdujeron el cultivo de la caña en la mediterránea. Pero realmente no es hasta la Edad Moderna cuando su uso se populariza y arraiga totalmente en la población europea, gracias a la creación de plantaciones en los trópicos que permiten el acceso al azúcar a la mayoría de la población.

El azúcar ha sido un alimento de gran utilidad en el pasado y con un gran potencial económico a partir del que se crearon conflictos para controlar su comercio y cuya producción a partir de la caña de azúcar fue una de las causas de la explotación de esclavos africanos, especialmente durante los siglos XVIII y XIX. En aquel momento el azúcar no solo permitió la preparación de dulces y la conservación de ciertos alimentos, sino que también aportó buena parte de las calorías necesarias a la población europea mal alimentada de la Revolución Industrial, del siglo XIX e incluso de buena parte del siglo XX.

El propio control de la producción y de las rutas comerciales del azúcar son el motivo de la existencia de las dos fuentes de azúcar que hoy en día explotamos: la caña y la remolacha azucarera. La remolacha se empezó a explotar como fuente de azúcar finales del siglo XVIII, cuando Prusia y especialmente Francia necesitaban una fuente de azúcar que, como la caña, no estuviera controlada comercialmente por Inglaterra, que dominaba las rutas marítimas comerciales y parte de la explotación de caña.

 

PROBLEMA

Pese a su utilidad en el pasado, el azúcar que consumimos hoy aporta más problemas que ventajas, ya que es azúcar refinado y se compone únicamente de sacarosa (disacárido formado por una molécula de fructosa y una de glucosa) y son calorías vacías, sin nutrientes. A esto hay que añadir que hoy en día el consumo de azúcar es excesivo y normalmente innecesario. Su consumo mundial se ha triplicado en los últimos 50 años y se ha convertido en un verdadero problema de salud. Varios estudios demuestran que la pandemia de obesidad que sufrimos hoy en día no está provocada por la ingesta de grasas, que casi no ha aumentado, sino por la ingesta de azúcares. El problema es realmente grave y según el Dr. Robert Lustig, profesor de endocrinología infantil de la Universidad de California, incluso está provocando una epidemia de obesidad en niños de 6 meses a escala mundial.

En un primer momento, después de tomar azúcar nuestro cuerpo lo absorbe muy rápidamente haciendo que tengamos una sensación de euforia debido a que nos hace subir rápidamente el nivel de adrenalina y de endorfinas (hormonas que dan sensación de placer), haciendo que actúe como una droga excitante, lo que puede provocar comportamientos adictivos como los de cualquier droga excitante. Es importante entonces tener cuidado cuando se toma azúcar, y especialmente con los niños, que pueden ver alterados su metabolismo y su capacidad de aprendizaje y concentración e incluso su comportamiento, algo que les puede influir para el resto de su vida.

Más tarde, es el hígado es quien se encarga de metabolizar todos los azúcares que no son glucosa y parte de la glucosa convirtiéndolos en grasa (el resto de glucosa se metaboliza en las células donde se convierte en energía). Este proceso puede acabar provocando obesidad si la ingesta diaria de azúcar es muy grande y continuada. Con la obesidad y el consumo de azúcar continuado se puede acabar padeciendo resistencia a la insulina y como consecuencia diabetes y problemas cardiovasculares.

Aparte de estas consecuencias, otros de los principales problemas que causa el consumo excesivo de azúcar son, aparte de las evidentes caries:

  • Inhibición del sistema inmunológico.
  • Facilitar la aparición de candidiasis.
  • Facilitar el crecimiento del cáncer proporcionándole una fuente de energía. Los tumores crecen mucho mas rápido que las células sanas y, por lo tanto, necesitan mucha más energía que estas.
  • Interfiere en la absorción del calcio y del magnesio.

 

ALTERNATIVAS

Antes de que el consumo de azúcar se popularizara en Europa, los alimentos se endulzaban con miel. En aquel momento histórico sí era recomendable el consumo de azúcares como la miel, ya que la población europea estaba lejos de ser una población sobrealimentada como la de hoy en día, por lo que la miel era un gran aporte de energía, entre otros beneficios. Hoy en día lo ideal sería no consumir ningún tipo de azúcar, aún así, si se desea consumir dulce, el mercado nos ofrece algunas alternativas, algunas de ellas artificiales, que no son agua de la fuente como se debería suponer de una sustancia utilizada en la industria alimentaria, las menos recomendadas son:

Sacarina E954: Aumenta el riesgo de cáncer. Está prohibida en Canadá y Francia y está obligado indicar que es peligrosa para la salud en EE.UU. Es fácil encontrarla en bebidas light y productos sin azúcar.

Aspartamo E951: Consumido en exceso puede provocar problemas intestinales, convulsiones, coma, tumores cerebrales y ceguera. También es común en las bebidas light y los productos sin azúcar.

Siempre es mejor consumir productos alternativos al azúcar que sean naturales y, si es posible, procedentes de agricultura ecológica. Algunas de las alternativas naturales al azúcar refinado pueden aportar maltosa o fructosa, por ejemplo, además de aportar algunos nutrientes como vitaminas o minerales. Algunas de ellos son:

Miel: Es quizá la mejor alternativa, ya que contiene aminoácidos, antioxidantes, vitaminas y minerales que la hacen útil para nuestra salud. También se puede aplicar sobre heridas o quemaduras, ya que es antiséptica. Contiene sacarosa, maltosa, pero sobre todo fructosa.

Melaza o miel de azúcar: Es el jugo de la caña de azúcar antes de pasar por el proceso de cristalización. Contiene una buena cantidad de vitaminas y de minerales, hierro y magnesio.

Sirope de savia o sirope de arce: Contiene principalmente sacarosa. El arce es un árbol originario de Norteamérica del que se extrae su savia para producir sirope. Aporta potasio, magnesio, calcio, manganeso, zinc, vitamina A y varias vitaminas B. Existen 3 grados, el mejor es el de grado C.

Sirope de arroz: Sus azúcares principales son la maltosa y la maltotriosa. Contiene además magnesio, potasio y varias vitaminas B. Se produce por fermentación.

Sirope de agave: El agave es una planta del tipo pita originaria de México. El sirope que se extrae de ella es muy rico en fructosa. Su principal propiedad es que estimula el crecimiento de la flora intestinal.

 

STEVIA

La mejor alternativa al azúcar es la Estevia, que no contiene ningún tipo de azúcar. La stevia es una planta de origen sudamericano utilizada por los indios como edulcorante y que se ha hecho muy popular en los últimos años porque además aporta muchos beneficios a nuestra salud. La hojas de estevia endulzan 30 veces más que el azúcar y el extracto es hasta unas 300 veces más dulce que este.

Se puede cultivar fácilmente en cualquier terraza o maceta que tengamos en casa, pero también se puede encontrar fácilmente en herbolarios. En diciembre de 2011 los componentes principales de la Stevia fueron aprobados en la Unión Europea como aditivos alimentarios. Tomada cruda o en infusión la stevia regula el nivel de azúcar en sangre, por lo que además de ser una alternativa para los diabéticos, les facilita la vida. La stevia, además:

  • Es antioxidante, antiinflamatoria y anticancerígena.
  • No aporta calorías
  • No provoca caries.
  • Reduce la tensión arterial, es diurética, reduce el colesterol y los triglicéridos.
  • Regula el sistema digestivo.

 

Si queremos reducir la cantidad de azúcar que entra en nuestro cuerpo es importante tener en cuenta que no somos conscientes de buena parte del azúcar que consumimos por que puede ser en forma de diferentes azúcares que formen parte de la composición de alimentos procesados, por lo que es conveniente revisar las etiquetas para saber qué es lo que comemos bajo nombres como fructosa, dextrosa, maltosa, sacarosa o simplemente azúcares.

 

Artículo elaborado para Sopa Tóxica

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La stevia

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