Cuidado de la piel sensible, hiperreactiva o alérgica

piel sensible

 

CUIDADO DE LA PIEL SENSIBLE, HIPERREACTIVA O ALÉRGICA

Artículo elaborado para Sopa Tóxica

 

Gracias a nuestra piel disponemos de uno de los 5 sentidos que nos permiten relacionarnos con el medio que nos rodea: el tacto. Pero además de darnos sensaciones del mundo que nos rodea, la piel tiene muchas otras funciones tales como protegernos de agresiones físicas y de enfermedades, gracias a todos los mecanismos inmunológicos de que dispone, permitir la regulación de la temperatura y la humedad de nuestro cuerpo o sintetizar la vitamina D, que es básica para nuestra salud.

La piel, además, es una de las vías por la que se eliminan muchos de los tóxicos que llegan a nuestro cuerpo. Lamentablemente la piel es una vía de dos direcciones, por lo que los tóxicos también pueden entrar en nuestro cuerpo a través de ella gracias a su gran capacidad de absorción. Por este motivo es muy importante tener en cuenta los productos de higiene personal que utilizamos, especialmente si tenemos problemas de piel como dermatitis, eczemas, soriasis, piel hiperreactiva o alérgica.

 

Higiene personal y cosmética

Los productos de higiene personal y de cosmética convencionales tienen en su composición una gran cantidad de sustancias tóxicas como conservantes, fragancias, colorantes, humectantes o derivados del petróleo, así como jabones bastante agresivos. Algunas de ellas son los parabenes, los aceites minerales (parafina o petrolatum), propylene glycol y dioxane. Estas sustancias pueden provocar dermatitis, urticaria y otras reacciones en la piel o agudizar los síntomas de la soriasis. Una vez han atravesado la barrera de nuestra piel, son tóxicos que hay que eliminar de nuestro cuerpo y que pueden provocar enfermedades como cáncer o problemas hormonales.

Lógicamente la mejor opción es sustituir los productos de higiene personal y cosmética convencionales por productos de cosmética natural certificados. Hoy en día no es difícil encontrar todos los productos que necesitamos, incluidos los destinados a hombres, compuestos íntegramente por ingredientes naturales como por ejemplo aceites naturales y jabones derivados de coco. Para nuestra seguridad, es mejor comprarlos siempre certificados. Algunos certificados son: Soil Association, NaTrue, BDIH, Ecocert, Qualité France o Demeter. En el caso de que tengamos una piel especialmente problemática, además se deberían evitar los productos naturales que contengan aceites esenciales, ya que pueden ser irritantes.

 

El cloro

Para solucionar los problemas en la piel no solo es importante cambiar los productos de higiene personal, sino también tener en cuenta las sustancias tóxicas que se encuentran en el agua y que debido a su agresividad nos pueden provocar o empeorar los problemas de piel que tengamos. El principal problema del agua que utilizamos para beber y lavarnos es el cloro, al que casi nunca se tiene en cuenta cuando tenemos problemas de piel.

La eliminación del cloro de nuestra ducha es posible gracias a los decloradores, que son dispositivos que se colocan entre el grifo de la bañera y el tubo del cabezal de ducha y que pueden llegar a eliminar hasta el 99% del cloro del agua, según el modelo. Esto repercute en una mejora del estado de la piel – y de las vías respiratorias – en pocos días, tanto si tenemos problemas de piel como si no.

 

Alimentación

Otro enfoque de los problemas de piel que raramente se tiene en cuenta es nuestra alimentación, ya que siempre que tenemos un problema cutáneo lo primero en lo que se piensa es en actuar desde fuera de la piel y no desde dentro, sin tener en cuenta que la piel se regenera de dentro hacia afuera.

Por desgracia, nuestra alimentación actual está normalmente basada en cereales refinados, azúcar, alimentos procesados, grasas trans y alimentos no ecológicos, lo que puede provocar directamente problemas de piel o bien problemas inmunológicos (intolerancias o alergias alimentarias) o desequilibrios en la flora intestinal (candidiasis) que provoquen reacciones, erupciones, eczemas, quistes, sequedad o rosácea, entre otros problemas cutáneos.

La buena salud de nuestra piel pasa por la buena salud de nuestra flora intestinal. En nuestros intestinos viven trillones de microorganismos que nos mantienen sanos, y lo mismo ocurre en nuestra piel. Por este motivo deberíamos basar nuestra alimentación en cereales integrales sin gluten (excepto el maíz) y no refinados comer una buena cantidad de verduras, frutos secos y semillas y tomar alimentos fermentados que contengan bacterias beneficiosas (probióticos) como el kéfir, el yogur o los vegetales fermentados o, si es necesario, tomar directamente suplementos de probióticos. Está comprobado que los niños con dermatitis atópica y con problemas de piel alérgica, algo muy común hoy en día, pueden mejorar considerablemente solo tomando alimentos probióticos o suplementos de probióticos. Los probióticos no solo ayudan a digerir los alimentos y a mantener el equilibrio de la flora intestinal, sino que también ayudan a que cientos de nuestros genes se manifiesten de manera positiva y a que el sistema inmunitario de los niños madure de forma correcta, evitándose así problemas como la dermatitis o la piel alérgica.

 

SEQUEDAD

Otro ejemplo de problema alimentario que se manifiesta en la piel es la sequedad. Una causa muy normal de sequedad y mala salud de la piel se debe a la deficiencia de omega 3 y otros ácidos grasos que mantienen nuestra piel saludable y reducen el proceso de envejecimiento. En este caso lo ideal no sería ponerse una crema hidratante o nutritiva, sino comer frutos secos, así como semillas de lino, aceite de pescado o aceite de krill (que nos aseguren que no contienen mercurio) que son una muy buena fuente de omega 3 para mantener nuestra piel en perfecto estado. Estos ácidos grasos permitirán que las células de nuestra piel sean de mejor calidad, así que nuestra piel funcionará mejor y además podrá resistirá mejor la luz solar, el frío y el paso del tiempo.

De la misma manera que ocurre con el omega 3 y los ácidos grasos, con mayor o menor medida pasa lo mismo con las vitaminas del grupo B, los minerales y con el resto de nutrientes que nos debería aportar nuestra alimentación, por este motivo no solo es importante comer los alimentos correctos y que sean ecológicos, sino también tener nuestros intestinos sanos para que puedan absorber el máximos de nutrientes y nuestro sistema inmunitario funcione lo mejor posible.

 

SAL Y AGUA

También es necesario, claro, mantener nuestra piel hidratada bebiendo suficiente agua de calidad, es decir, sin tóxicos y no procedente de botellas de plástico. Una buena solución es consumir agua filtrada con purificadores de carbón activo, que eliminan los tóxicos, pero mantiene la sales minerales, algo muy importante para nuestra salud en general y de la piel en particular.

La sal que comemos también influye en la sequedad de nuestra piel. La sal refinada elimina agua de nuestro organismo, mientras que la sal sin refinar regula la cantidad de agua en nuestro cuerpo y nos aporta los minerales necesarios para que nuestra piel funcione correctamente. Una excelente terapia son los baños de sal sin refinar, especialmente de sales del mar muerto que son altas en potasio y magnesio y ayudan a desintoxicar y a remineralizar no solo nuestra piel sino todo nuestro cuerpo.

 

Cuidado desde el exterior

Lógicamente el cuidado de la piel también se puede completar desde el exterior utilizando cremas hidratantes y nutritivas naturales certificadas, especialmente aceites que aportarán nutrientes a nuestra piel y ayudarán a mantenerla limpia y saludable.

Hay aceites aptos para todo tipo de pieles, aunque se debe probar para encontrar el más adecuado en cada caso.

  • Aceite de coco: Se puede utilizar como desmaquillador y por su contenido en vitaminas es ideal para nutrir el cabello, la piel y las uñas. Previene la aparición de arrugas y de estrías. Por su capacidad antibacteriana y antiinflamatoria ayuda a cicatrizar y se puede utilizar como after-shave, desodorante, crema de pañal, para combatir el acné o para reducir el picor de las picaduras de insectos. Podéis encontrar amplia información sobre el aceite de coco en este artículo.
  • Aceite de jojoba: Equilibra la secreción de grasa de la piel y contiene mucha vitamina E. Protege del envejecimiento y regula el manto ácido de la piel además de hidratarla. No es comedogénico. Es ideal para nutrir el cabello y para pieles con problemas (dermatitis, rosácea, etc.), como after-shave o para quemaduras solares. Está especialmente indicado para el cuidado infantil.
  • Aceite de argán: Tiene mucha vitamina E y un alto contenido en antioxidantes, ácido oleico y ácido linoleico, por lo que está recomendado para pieles maduras.
  • Aceite de semillas de granada: Tiene un alto contenido en antioxidantes que combaten los daños causados por los radicales libres. Además estimula la producción de colágeno, da elasticidad, reafirma y alisa la piel. Apto para todo tipo de piel, especialmente para la piel madura y sensible.

Manteca de Karité: Mantiene la elasticidad de la piel y la protege y regula la secreción de grasa. Indicada para pieles castigadas, maduras y muy secas o para pieles irritadas o con eczemas.

Aloe Vera: Hidrata la piel y ayuda a su regeneración natural, la suaviza y proporciona elasticidad. Protege la piel de los factores medioambientales. Es muy refrescante e ideal para utilizarse después de tomar el sol, tras una picadura de insecto, para quemaduras o para la piel irritada.

Los aceites pueden realizar la misma función que las lociones corporales, las cremas faciales o los acondicionadores y mascarillas para el pelo convencionales, pero sin perjudicar nuestra salud. Siempre es mejor utilizar aceites vírgenes, lo que nos asegura que no han sufrido ningún proceso o tratamiento y que aportarán el máximo de nutrientes a nuestra piel y cabello y de cultivo ecológico.

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